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Sobre la Reforma Laboral

Los grandes cambios sociales en la historia de nuestra humanidad, se han realizado gracias al trabajo conjunto de muchas personas unidas luchando en pos de una causa común, exigiendo valer sus derechos, combatiendo lo que como sociedad creen injusto.

Sabido es que el trabajo en equipo nos potencia y que juntos pesamos más que solos. Parece lógico y justo entonces, el fortalecer la posición de las organizaciones sindicales cuando se trata de negociar las condiciones y derechos de sus trabajadores ante sus empleadores.

Lamentablemente en Chile, nos hemos acostumbrado a mirar hacia los sindicatos con recelo. Somos un país en el que según la última encuesta CASEN 2015, tan sólo el 13,2% de los trabajadores asalariados declara estar afiliado a un sindicato. Dentro de las principales razones por las que los trabajadores no se afilian se encuentra que “tienen temor a consecuencias negativas en su trabajo”; “no ven la utilidad del sindicato” y “obtienen más beneficios de parte de la empresa no estando sindicalizados”. Por tanto se hace urgente realizar cambios para revertir esta cifra.

Con la entrada en vigencia de la Reforma Laboral, se está dando un paso en pos de fomentar las negociaciones colectivas. Muchos son los detractores de la misma. Incluso el Tribunal Constitucional, insólitamente, falló el año pasado en contra de varios aspectos claves de la Reforma. Y es cierto, la Reforma sigue siendo perfectible y hay varios temas de los que aún no se hace cargo. Más al menos, tópicos como la titularidad sindical o el derecho a la información, eran totalmente necesarios de abordar.

Dentro de los principales aspectos que se modifican con la Reforma se encuentran los siguientes:

En primer lugar se establece la Titularidad Sindical, es decir, se limita el derecho de los trabajadores a formar grupos negociadores, permitiéndose sólo en aquellas empresas en que no existe sindicato y no pudiendo negociar en ningún caso en forma reglada. Parte del empresariado se opone firmemente a esta medida, defendiendo la existencia de los grupos negociadores en pos de una supuesta libertad de sus trabajadores a elegir. Pero en un gran número de casos, la constitución de estos grupos termina en una forma que disgrega a los trabajadores  y disminuye su poder negociador.

Otra medida que cambia con la Reforma, es el hecho de que todos los beneficios alcanzados por el sindicato podrán hacerse extensivos a quienes se afilien con posterioridad, aceptando y pagando la cuota sindical. Esto generará sin duda un impacto en cuanto a personas afiliadas y por tanto un impacto positivo en cuanto a representatividad.

También garantiza la representación de mujeres en directorios sindicales, mediante regla de cuota (1/3) y se establece la obligación de integrar con al menos una mujer la comisión negociadora sindical en casos que no se aplique la regla de cuota.

La reforma además, suprime la facultad del empleador de reemplazar a trabajadores en huelga e inhibe el descuelgue individual de los mismos durante el periodo de huelga, eliminando de este modo ciertas prácticas antisindicales que debilitaban a los trabajadores durante la huelga.

Y un quinto aspecto que finalmente se toma en cuenta, es la ampliación del derecho a información de los sindicatos, debiendo transparentar la empresa balances generales, estados financieros, costos globales de la mano de obra durante los últimos dos años y planilla de remuneraciones tanto de los afiliados al sindicato, como de trabajadores no sindicalizados (una vez al año en este último caso). Esto representa sin duda un avance enorme en cuanto a transparencia.

Es impensable creer que una Reforma de tales características será del agrado de todos los sectores. Ciertos grupos han defendido su postura de que estas nuevas normativas dañarán la economía y productividad. Y quién sabe, tal vez incluso tengan razón sobre la economía, pero la pregunta que como sociedad debemos hacernos, y en todo orden de cosas,  es si en pos de la economía es  válido sacrificar ciertos avances socioculturales. Si para resguardar la fuente laboral, es siempre necesario sacrificar el derecho a avanzar de los trabajadores y sus condiciones laborales.

No se puede tampoco negar que la Reforma queda al debe en algunos temas que sí afectarían negativamente a los trabajadores sindicalizados. Por ejemplo el piso de negociación se puede negociar a la baja si las condiciones económicas de la empresa así lo justifican, más no estipula qué se considera “malas condiciones económicas”.  O exige durante el periodo de huelga a los sindicatos, garantizar los servicios mínimos (en desmedro de los servicios esenciales que son los que dañan intereses de terceros no involucrados en el conflicto), sin definir qué son estos servicios mínimos. Además permite que un juez de letras pueda reanudar una empresa en huelga, acción que antes sólo podía dictar el Presidente de la República.  También quedaron fuera de esta reforma temas importantes, como la inserción laboral de jóvenes y mujeres, qué pasa con los adultos mayores, temas relativos al seguro de desempleo y capacitación.

No obstante y en definitiva, creemos que la Reforma es un esfuerzo por revitalizar la acción sindical. Según informa la OIT mientras mayor es la cobertura y coordinación de la negociación colectiva en la sociedad, menor tiende a ser la desigualdad de ingresos. Países como Suecia y Noruega cuentan con tasas de sindicalización del 50% o más. Pero en nuestro país, las relaciones laborales se caracterizan por el escaso diálogo entre actores.

Es cierto, hay muchas personas que ven a los sindicatos con resquicio, más como un instrumento político que como un grupo que vela por los derechos de sus trabajadores. Pero debemos entender que mejorar nuestras condiciones  laborales también es una forma de hacer política y para que sea efectivo, debemos hacernos todos partícipes. Si sentimos que el sindicato no nos representa, es tarea nuestra convertirlo en un ente más representativo de los intereses propios a través de la participación activa en él.

Esperemos que esta  reforma permita avanzar en cuánto al respeto mutuo entre empleados y empleadores generando fructíferos lazos de compromiso entre ambas partes. Que las relaciones laborales sean más justas, más equilibradas, productivas y eficientes.

Y sí, falta mucho aún para celebrar una sociedad más justa. Pero sin duda, avanzar en cuanto a fortalecer las negociaciones colectivas, es ponderar el trabajo en equipo por sobre lo individual, es avanzar en cuánto a unidad y representatividad, en cuanto a equidad.

Ahora hay que estar atentos a si realmente el traspaso del papel a la realidad, resulta efectivo. Esperemos que así sea. 

 

“Soy un incansable predicador de la unidad de la clase trabajadora chilena, porque cuando la clase trabajadora chilena está unida, es invencible. Nadie se atreve contra ella”. Clotario Blest

 

por Jimena Delgado, periodista.