Es verano y el calor agobia a los santiaguinos. Recién en diciembre ya habíamos tenido varios días sobre los 30 grados. Con tan altas temperaturas, hay pocas cosas que nos hacen más felices que un sabroso helado.

Paulina Núñez vive en la comuna de Lo Espejo. Es madre soltera de dos niños varones, uno de 8 y otro de 2 años. A sus 25 años, ya logró dar el puntapié inicial a su emprendimiento con muy buenos resultados. Poco a poco ha ido dando forma a su heladería “La Chinita” y los niños del sector, son los más felices. Ella vio una oportunidad y se lanzó a la aventura.

Vi que donde vivo había tantos niños, como 4 por familia, pero que no había helados en barquillos en ningún lado. Así que me lo propuse y dije “aunque me cueste voy a hacerlo”. Empecé vendiendo cubos. Hacía de coco con leche y de maracuyá y los niños empezaron a preguntarme si podía traer helados en paleta. Así que un día esperé que me tocara mi familiar, cobraba en ese entonces como 20 lucas y decidí a probar suerte. Compré como 15 lucas en puros helados de agua. Los puse en el refri y partí. Pero yo quería otra cosa.  Quería poner una heladería para que la gente se sentara a comer helado.”

Si algo caracteriza a Paulina es su determinación, ya que como ella dice, lo que se propone lo logra. Con mucho trabajo y esfuerzo, pero lo logra.

“No quiero ser la persona que tenga dos hijos y no pueda trabajar porque no hay quien los cuide. Con dos, tres hijos uno puede trabajar de la casa, el tiempo se lo tiene que hacer uno”.

Es así cómo empezó a dar forma a su heladería. De a poquito fue comprando los tarros de pintura, las tablas y las planchas. Puso el piso, las paredes de su local y entonces postuló a un proyecto, ejecutado por nuestra Fundación. Si bien no fue escogida en un primer llamado, al abrirse la lista de espera pudo participar, demostrando por qué era importante que estuviese allí.

“Con lluvia y todo, no falté a ni una clase. Porque si se presentan estas oportunidades hay que aprovecharla. Y quedé contenta porque dije voy a poder vender barquillos. Y fue bueno porque he vendido mucho. He comprado las mesas, las sillas y ahora como me compré la máquina, voy a vender helado en copa, jugo de piña con helado. Igual como Bravísimo, pero de población, con precios más accesibles”.

Lo que más valora Paulina de su paso por el programa es el aprendizaje obtenido. El dinero, efectivamente fue un empujón que le permitió comprar una segunda máquina y aumentar sus ventas, pero ella siempre ha logrado ahorrar poco a poco para sus necesidades. No obstante, lo que le faltaba era orden, aspecto que consiguió mejorar en estos meses.

“Me costó tanto que le saqué todo el provecho posible. En mi se nota el orden, eso fue lo que más aprendí tener un cuaderno donde poner costo fijo, costo variable, manejar los precios, cotizar. Antes iba a comprar al achunte, ahora tengo todo ordenado. Empecé a llevar mi registro de todo, fui aplicada y seguí al pie de las letras como se hacían las cosas.  Ahora veo más lucas porque me organizo”.

También está muy agradecida de los profesores de la Fundación.

“El trabajo de los profesores me pareció excelente. Tienen muchísima paciencia porque llega gente que no sabe leer ni escribir. Ellos te ayudan a que no te ofusques. Ellos te enseñan a no complicarte. Te dan ganas de ser como ellos”.

Si Paulina saca el máximo de provecho de las clases es porque está decidida a tener éxito trabajando por cuenta propia “Yo jamás quiero trabajar apatronada, no está en mí. No me gusta la rutina, yo aquí puedo ver a mis hijos. Puedo estar con ellos que creo que es todo lo que busca una mamá” y a sus cortos 25 años, tiene mucho que decir a otras mujeres como ella: “El consejo que daría a otras mamás es que se empiecen a querer ellas mismas. Que no se echen a morir por el hecho de ser mamás solteras. Hay mujeres que dicen que eso les arruina la vida, pero un hijo nunca te arruina la vida.  Así que le digo a todas las otras mamás solteras como yo, que se quieran ellas mismas, porque si uno no se quiere, no va para ningún lado”.

Si alguien puede hablar de no echarse a morir, es ella. “Hace poco me encontraron una hernia en el estómago y tengo que operármela. Ahora no puedo llegar y operarme, por el trabajo. Tampoco puedo dejar de hacer fuerza, una mamá soltera no puede dejar de hacer fuerza. Así que tengo que esperar al invierno para poder hacerlo. Da rabia porque justo ahora que iba tan bien, pero son las cosas de la vida y si me pusieron esta piedra en el zapato voy a tratar de sacármela como sea. Si miro par adelante trato de no caerme, de no tropezar con nada. No hay que mentalizarse en lo malo, trato de ver lo bueno de la vida”.

“Lo que más me ha ayudado es que no veo las cosas de mala forma, ser buena persona si sirve. Tratar de mirar lo malo de la gente, te hace ser más malo a ti mismo. Soy esforzada y perseverante y si me propongo algo lo hago. Si quiero hacer un tragaluz me enfoco y lo coloco. Gracias a eso me gané el proyecto. Y siempre recalcan que mando fotos, pero porque me gusta mostrar lo que me hace bien a mí, lo que me pone feliz. Cuando termine un muro saco miles de fotos porque siento que lo hice con esfuerzo, me costó mucho. Siento orgullo”.

En la Fundación también sentimos mucho orgullo de contar con participantes como Paulina y tenemos fe en que logrará cumplir sus sueños, hasta los más grandes que tenga.

Me proyecto con una cadena de helados, tener un local en el centro e implementar otras cosas, no solamente helado. Poder vender mote con huesillo, jugo con helado, banana Split, copas grandes, darle trabajo a la gente. No sólo aquí en este puro punto. Esa es mi proyección de más adelante, y ganar monedas porque no voy a ser la mujer con hijos que cree que no puede hacer nada en la vida”. Definitivamente Paulina no lo es, ella cree y sabe que puede lograr muchas cosas. Nosotros también lo creemos.

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