Emprender no es tarea fácil. Requiere tiempo, dedicación, energía, empuje, paciencia cariño y mucho trabajo. Para criar un hijo se necesita lo mismo y más. Criar dos o tres es el doble o triple de trabajo. Y conjugar ambas tareas, la de emprender y la crianza, es una misión napoleónica y maravillosa por la que muchas mujeres han optado. Pero ¿cómo se logra cuando los hijos no son uno, ni dos, ni tres, si no que más de diez?
“A mí me dicen “¿cómo lo haces? Yo con tres estoy vuelta loca” Yo no me aproblemo. Son 11 y los 11 se portan bien”

Sandra Martínez es marroquinera. Hace casi 20 años, que junto a su marido trabajan en la confección de bolsos, billeteras y chaucheras entre otros. Sandra terminó su cuarto medio y se puso a trabajar en un taller de confecciones. En aquella época conoció a su marido, Sergio Álvarez. “Fue todo súper rápido. Nos conocimos en abril, pololeamos hasta septiembre, en septiembre nos fuimos a vivir juntos y en octubre del año después nació la Cata, mi hija mayor. Desde que nos juntamos con Sergio, empecé con los bolsos. Todo lo que se de bolsos me lo enseñó él” También desde que se juntaron, no han parado de criar hijos. Son 11 en total: Catalina (18), Sergio (16), Francisco (14), Matías (13), Sandra (11), Jennifer (9), Francisca (8), Angelina (7), Graciela (5), Isabel (2) y la recién nacida Charlotte que sólo tiene 3 meses.
“La vida con 11 hijos no es tan difícil porque se ayudan entre ellos. Somos súper unidos, estamos todos en todas. El día se hace cortísimo, como que nos faltan horas.”


¿Pero cómo se organizan? “En la mañana los niños tienen la escuela así que los preparamos y se van. En ese momento, si tengo que salir a hacer algo, salgo rápido, vuelvo y me pongo a trabajar. Mientras, mi marido me ayuda con las chiquillas más chiquititas que quedan acá en la casa. Él en general no sale mucho, sólo a entregar.”

Sandra y su familia viven en la Pintana, en una pequeña casa de dos habitaciones. En una duerme ella, su marido y la bebé. En la otra, los 10 hijos restantes. Para comer, lo hacen en dos tandas: los niños primero y después los más grandes. “Voy a cumplir 5 años viviendo acá. Fue un cambio muy brusco, yo vivía en Santiago centro. Pero el próximo año vamos a postular para que nos cambien la casa, porque son muchos y nos queda chica”
No siempre vivieron en ese lugar. Antes era más fácil no sólo en términos de espacio, si no que como ubicación para su negocio “Era llegar a la esquina y salir a entregar porque vivía cerquita de Salvador San Fuentes. Ahora no, todos los días no nos están llamando porque uno se demora en la entrega, pero bueno, cuando uno no tiene entrega se va a trabajar a la feria”

A pesar de que Sandra y Sergio trabajan de lunes a lunes, han logrado compatibilizar su trabajo con la vida familiar. “Para salir nos programamos y salimos igual. En las noches los niños se juntan todos en nuestra pieza y vemos películas de terror o bailamos. Los niños también me ayudan con el trabajo. La Catalina en la máquina, el Checho está cortando. Los otros a veces ponen pasadores o cortan cintas, cosas más pequeñas”

Sin duda Sandra tiene una gran pasión por lo que hace. “Trabajar la máquina me encanta, estoy un día parada y es como depresivo para mí. Un día puedo aguantar pero dos no. Es de lo único que vivo. Hay gente que tiene un emprendimiento pero trabaja en otra cosa, yo no. Desde que conocí a mi marido hasta ahora he trabajado solamente en bolsos. Hay temporadas que son un poquito bajas, pero nunca he quedado así como que un mes me falte plata para algo. Que no llevaba bien las cuentas es otra cosa”.

Y cuando se tiene 11 hijos, tener un negocio rentable se hace primordial. Sandra sabe que no puede vacilar ni rendirse, ya que del trabajo de ella y su marido, dependen esas 11 amadas personas. “No me da miedo que el negocio no me de, porque se que tengo que tener igual, tengo que saber tener para todos, como sea,  así que hay que trabajar y trabajar. Por ellos y por uno”.

En ese sentido, su paso por la fundación le ha sido de enorme ayuda. No sólo en términos de aprendizaje numérico o concreto, si no que en cuanto al aprendizaje personal y los deseos de crecer. “La profe Tania cambió mi forma de pensar en  mi negocio. Quiero ser grande, ya no quiero quedarme acá. Yo sé que si ahora mi punto de equilibrio es llegar a 715 mil pesos, a futuro ya no va a ser eso, va a tener que ser mucho más. Me voy a formalizar. Ya compré el extintor, ya puse el lavamanos y me falta cablear. Me ha servido para aprender a ordenarme y a hora me va a servir para producir mucho. Si no hubiese sido por la profe, no hubiese despertado”.

Sandra ya es grande. Una gran mujer con la capacidad de ser madre de 11 hijos y emprender merece todo nuestro respeto. Pero sabemos y confiamos en que será aún más grande y llegará aún más lejos, por ella y su gran familia.

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