En Noviciado, entre cerros y campos, vive Irene Vásquez, junto a su esposo Leopoldo y sus hijos. Irene se dedica a la confección de volantines. Allí, en su casa, tiene todos los materiales para la construcción y armado de estos folclóricos productos.

Comenzó para ella como una tradición. Ayudaba a su padre en el oficio, quien antes había ayudado al suyo y así sucesivamente no sabe Irene cuántas generaciones hacia atrás. Como trabajo propiamente tal, partió con los volantines a los 20. Hoy, 30 años después, año a año sigue dedicando su pasión, trabajo y paciencia a este tradicional oficio.

“Mi papá me dijo para que un volantín quedara bien, había que tener calma y paciencia. Así quedaban estiraditos porque los volantines tienen que estar impecables. Vuelan mejor y a la gente le gustan más. No sé de dónde viene la tradición de él, parece que de los bisabuelos, pero nos enseñó a todos y nunca hemos dejado de hacer”.

Los tiempos han cambiado y con ellos cambió el gusto de la gente. Eso Irene lo sabe muy bien.

“Con mi papá trabajábamos el volantín tradicional que es de papel de volantín, el tricolor, ese el verdadero papel. Se hacían combinaciones: pechuguitas, damitas, rayaditos, medialuna, todas esas cosas. Ahora ya no hay de esos y nosotros casi no los fabricamos, porque el trabajo es mucho y no lo pagan. Los niños se entusiasman más con los volantines hechos de papel importado que se hace en máquina porque los dibujos les parecen más llamativos”.

Irene explica que lamentablemente un volantín 100% artesanal requiere mucho tiempo y las personas no están dispuestas a pagar el trabajo artesanal del volantín hecho a mano.  “Yo ahora sólo los armo. Pero con harta dedicación y cuidado” aclara.

Pero no sólo en los volantines se ve el paso de la modernización. Septiembre, mes patrio, solía ser escenario de  muchas tradiciones que poco a poco se han ido olvidando. Los volantines son sólo un ejemplo de ello.

“Hay algo que se ha perdido. Ya no existe ese interés por los deportes de fiestas patrias. El volantín el trompo, el emboque, la rayuela, la payaya. Ya no se ven esas cosas porque hay más avances. Los niños están enfocados en lo tecnológico, en el computador en la Tablet, así que van dejando de lado estos deportes más livianitos”.

Irene vende sus volantines en el persa de Pudahuel, o en los negocios aledaños. En fechas cercanas a fiestas patrias puede llegar a vender hasta mil volantines.  “Yo soy buscadora de vida y busco compradores. Ofrezco en los negocios, por aquí por allá, ofrezco, ofrezco y ahí voy encontrando compradores y agarrando fuerza”

Don Leopoldo, con quien vive hace más de 20 años, siente gran admiración por su mujer.

“Mi mujer lo que más tiene es que es empeñosa, trabajadora, es una gran ayuda. Entre los dos nos complementamos para mantenernos. Además esos cursos que hace, son algo muy bueno”

Entre los dos se las ingenian para salir adelante pero no les resulta fácil. Don Leopoldo arregla y fabrica guitarras que vende en el persa. Compran juguetes y los arreglan. Doña Irene cuenta que durante el invierno hace diversos pololos, trabaja en aseo o lo que encuentre. “Así vamos viendo las posibilidades de juntar dinero para parar la olla y tratar de sobrevivir, porque a uno con niños chicos le cuesta salir adelante y de repente no se puede sin la ayuda de otro. A veces no alcanza la plata y peor si uno está sin trabajo”

Por eso don Leopoldo agradece enormemente el apoyo y conocimiento entregado por la Fundación al negocio de Irene. “Es algo tan lindo, como le mandan la moral arriba a las personas. Eso es la mayor ayuda y estamos muy agradecidos”.

Leopoldo ha aprendido a armar volantines estando con Irene.

“Uno se entretiene haciendo volantines. Hay que tener mucha paciencia para no hacerlos pedazos, para  pegarles las maderas y tener mucho cuidado para armarlos. Ahora para encumbrarlos, mi señora ahí es la experta, ella es profesora para encumbrar volantines.”

¿Un buen consejo para aquellos que quieran encumbrar? Irene recomienda lo siguiente:

“Para encumbrar bien un volantín hay que hacerle bien los hoyitos, los tirantes y preocuparse de que esté liviano. Si se ladea hacia un lado hay que hacerle un nudo al otro lado para lograr el equilibrio. Eso es lo importante. Y que haya un poco de viento, claro”

Así es como Isabel seguirá construyendo sus volantines, con paciencia, dedicación, prolijidad y equilibrio. Nosotros esperamos poder seguir dándoles un poquito de ese viento que entrega el tan necesario impulso para surgir.

 

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