A veces seguir la vocación es difícil. Sobre todo cuando implica un camino cuesta arriba en el que el sacrificio será mucho y la retribución económica poca. Por eso, aquellos que deciden seguir ese llamado, merecen ser llamados valientes. Esta vez conoceremos la historia de Marcia Castro, titiritera, actriz y valiente mujer.

Era pequeña y la llevaron al dentista. “Tienes los dientes parejitos, podrías ser actriz” le dijo la profesional. Marcia ya lo sabía, siempre supo que sería actriz. Hacía sus presentaciones en el patio delantero de la casa. El viejo carretón de su padre servía de escenario y los transeúntes se divertían observando a aquella niñita “pinta monos”  como se describe a sí misma. Creció y decidió no abandonar su sueño, optó por seguir el sinuoso camino de los escenarios.

“En nuestro caso, si no hiciéramos nuestro trabajo es como ir contra los principios básicos de uno. Porque si Dios te dio a ti un talento y tú no trabajas ese talento, ¿quién está mal?”

Consciente de su talento, desarrolló su faceta artística en una actividad muy particular: los títeres.  Confiesa que en principio, esta no fue su primera opción. Pero los títeres la escogieron. Marcia tenía facilidad para construir cosas manuales y desarrolló una muy buena técnica en que no se notaban los pliegues. No obstante, su problema era a la hora de compartir escenario con sus creaciones.

“Cuando recién partí no podía hablar con un títere, no me salía la voz. Era extraño, porque una tiene que abandonarse para que otro ser pueda vivir, hay un traspaso. Uno actúa con un cuerpo externo a ti. Eso me costó mucho. Cuando llegaba a titiritear me daba un miedo terrible. Hasta que un día en una obra me dieron el papel de un monstruo estúpido y ahí recién empecé a sacar la voz, a reír, a pasarlo bien y a entender lo del traspaso. Yo lo veía, pero no entendía cómo hacerlo en mi cuerpo y en mi alma. Ya lo hice y los títeres me han escogido.”

Marcia siempre supo que el teatro era difícil. Que son muy pocos los que logran vivir bien de él. Pero sin llevar una vida de reyes, ha sabido arreglárselas. Así llegó a la Fundación. Partió con un proyecto para capacitarse en un negocio de hacer hornos, más en la Fundación la instaron postular un proyecto relacionado al teatro, que era su real pasión.

“Yo siempre he querido salir de hipismo del teatro, donde mostramos nuestra arte por buena onda. Esta es una profesión, yo vivo de esto. Entonces, tomé todas las clases con la Fundación, y esto me alumbró muchísimo. Hicimos metas y entonces, nos empezaron a salir cosas. El día que terminamos con las clases, les regalé un cuenta cuentos, en agradecimiento”

A partir de ese cuenta cuentos, la Fundación comenzó a llamarla para otros trabajos hasta que finalmente terminó participando de la campaña Qué das con Tu trabajo.  Esta campaña busca decir que cualquiera sea nuestro trabajo, estamos entregando algo con él. Como afirma Marcia “Mi trabajo le sirve a los niños, a los adolescentes, a los adultos y a mi misma. La gente me dice que nosotros hemos logrado sacar el niño que había en cada persona, y eso no es menor, porque todo el mundo tiene intrínsecamente el juego en uno, pero después, entre trabajo y corbata se van rigidizando, perdiendo la flexibilidad y la capacidad de juego”

En la búsqueda de seguir su vocación Marcia ha sabido sacrificar ciertas cosas en pos de otras que le otorgan mayor satisfacción.

“Me gustaría que mis hijos fueran a un Colegio Montesori, pero no es mi realidad. Me encantaría irme de vacaciones, comprarles zapatos cuando les crece el pie sin  juntar las chauchas o ir almorzar de repente a un restaurant y descansar un día de cocinar.  Son cosas que no puedo hacer, pero a cambio, me doy el gusto de que yo no tengo un jefe que me trate mal y mis clientes son las personas que me compran las funciones. Yo entrego mucho amor con mi trabajo, pero también recibo mucho amor.”

Sabemos que todos quienes trabajan en las  artes entregan algo maravilloso con su trabajo. Y lo entregan, así como Marcia, sabiendo las dificultades que esto implica. Pero es un trabajo entregado con sacrificio, dedicación y mucho cariño, sabiendo que su labor, sí es importante para la sociedad.

“Yo  Trabajo para el espíritu, doy conocimiento, magia, juego, entretención. Mi trabajo es que las personas despierten la inteligencia dormida, la conciencia apagada. Esa es la labor de nosotros los artistas”

Los invitamos a ver su video y esperamos que les haga tanto sentido como a nosotros.

Revisa el video de Marcia AQUÍ

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